miércoles, diciembre 02, 2009

Una presión política suicida

Por Alfredo Zaiat

Varios de los miembros de la actual conducción de la Unión Industrial Argentina dicen que saben quién era. Otros directamente ocultan su ignorancia entre la ostentación de las carreras de autos y la sobreactuación de fidelidad a grupos de medios. Todos ellos tienen la oportunidad de rescatarlo del olvido para no repetir el poco digno papel de liderar una entidad industrial subordinada a un modelo agroexportador, hoy expuesto en la trama multinacional sojera representada políticamente por la Mesa de Enlace. Marcelo Diamand, empresario fundador de la firma de artículos electrónicos Tonomac, fue un lúcido pensador de la realidad económica y también participó en la vida interna de la UIA. Sus trabajos pueden servir de guía para los industriales que no quieren caminar hacia el precipicio de la mano de informes económicos con sus respectivas recetas ortodoxas, con el respaldo político de la restauración conservadora, que hoy impulsa la dirigencia encabezada por Héctor Méndez, Techint y Arcor (AEA).

Los conceptos fundamentales de Diamand están reunidos en un famoso ensayo que publicó en 1972 en la revista Desarrollo Económico, con el título “La estructura productiva desequilibrada. Argentina y el tipo de cambio”. El primer párrafo de ese documento adquiere hoy una vigencia notable. Es un poco extenso, pero vale la pena leerlo con dedicación. Diamand escribió: “En el transcurso de los últimos años hemos insistido en que la incapacidad del país de salir de su estancamiento y las recurrentes crisis de las que padece se originan en un divorcio entre las ideas de la sociedad argentina y la realidad. Dichas ideas se derivan de las teorías económicas tradicionales y se basan en propiedades de las estructuras productivas de los países industriales, muy diferentes a las que tiene un país exportador primario en proceso de industrialización como la Argentina. Sin embargo, se aplican obstinadamente, sin que la sociedad se percate de que ni las ideas ni las prioridades operativas que surgen a partir de ellas corresponden a la realidad. Como resultado de la desorientación resultante, la mayor parte de los sectores de actividad económica no tiene ni idea de cómo defender sus intereses e incluso algunos de ellos ejercen sistemáticamente una presión política suicida, totalmente contraria a ellos”.

A esta altura, luego de haber apoyado las políticas de desestructuración productiva de Alfredo Martínez de Hoz, durante la dictadura 1976-1983, y las de Cavallo-Menem, en los noventa, no debería sorprender el retorno de concepciones neoliberales a la UIA. Es cierto lo que dijo Méndez respecto de que no se trata de posiciones oficialistas u opositoras, sino que lo relevante se encuentra en el recetario que propone la UIA. Es el vulgar y conocido “menos Estado y más mercado”. Además, suma críticas a la intervención pública en el mercado, rechazos a los subsidios cuando son para la población no así para sus inversiones, el reclamo gasesoso de “seguridad jurídica”, el repudio al incremento del intercambio comercial con Venezuela que beneficia a decenas de pymes, la presión para frenar aumentos salariales y la exigencia de disminuir impuestos, privilegiando la rebaja de las retenciones a las exportaciones agrarias. Ese desvarío ideológico de los grandes industriales en contra de la propia base material de su sector explica en parte el sendero de frustación económica del país, que lo refuerzan rodeados de líderes políticos y economistas responsables de los fracasos de las últimas décadas.

Los actuales dirigentes de la UIA logran destacarse: no es sencillo encontrar empresarios en la región que desfilen con el vestido de algo parecido a lo que puede denominarse burguesía nacional, pero que expresan con prodigiosa transparencia que por sus venas circula sangre rentista y aspiraciones de grandes productores agropecuarios.

7 comentarios:

Mariano T. dijo...

La tesis de Diamand se basa en que el TC real depende de la balanza comercial y no del movimiento de capitales. Y esto se ha demostrado una y mil veces falso en países como el nuestro.
Es solo la tesis de que la rapiña a otros sectores, una especie de imperialismo interno, va a suplantar la eficiencia induistrial. Como suponer que estan jodidos por no tener un continente africano para explotar y necesitaban buscar un Africa adentro del país.
Cuando queda claro que los negros de acá no son tan mansos, hacen bien en buscar otra teoría. Tal vez creer en la propia potencialidad, porque el otro camino no va a tener opaz interna, que la industria también necesita.

ex-curly dijo...

industria
industria
industria
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Estamos hablando del sector menos dinámico a la hora de generar empleo. De hecho, sólo basta mirar las cifras de la OIT para ver como el empleo de la industria manufacturera cae y cae y cae...

Zaiat debería ver los nuevos datos de composición de producto y empleo por sectores. No es que se le pasó el último o el anterior, evidentemente se quedó con Diamand y Prebisch.

El mundo es servicios, es tecnología no matters where, es innovación en dónde sea (por si no se atendió lo anterior), son las nuevas estructuras organizacionales, son tantas cosas nuevas que pensar "a la Diamand" es al menos pobre. Seguro que sirve y mucho, pero pliz muchachis, no tal cual.

Hasta los términos del intercambio se dieron vuelta!!!!! Por DIOS! Qué alguien le quite los anteojos rancios y mire el mundo de nuevo, se va a sorprender.

Hasta el agro ahora pide un impuesto a la Henry George!

Slds

Mariano T. dijo...

Y dicho por industriales brasileros, he escuchado que ellos le tienen fe a la industria en Brasil porque tienen un enorme "ejército de reserva" que tienen que dedicarse a educar para ir aportando camadas de nuevos operarios. O sea que no piensan que la industria tiene futuro con altos salarios.
Un país basado en altos salarios tiene que basarse en servicios y no en industria.

Andrés dijo...

Buenas,

La industria es el único sector verdaderamente sustentable, en tanto y en cuanto sea eficiente y se base fundamentalmente en el mercado interno.

Los servicios y la generación de conocimiento generan mucha riqueza, es cierto, pero no suplantan a la industria (en USA, high tech genera menos del 3% del total de los puestos de trabajo).

No más hay que ver cómo les fue socioeconómicamente a USA y Europa desde Reagan y Thatcher: Muchos avances tecnológicos con PC e iPods, pero en esos países una familia tipo ya no vive con el salario de un trabajador como en los 50.

No es casualidad que China e India se hayan transformado en los polos industriales del mundo y que a su vez representen la única alternativa de reemplazo de consumo a USA y Europa.

No existe "un país con altos salarios", para que alguien gane bien tiene que haber varios que ganen mal y provean aquellos servicios que necesariamente necesitan mano de obra barata para que los bien pagos mantengan un muy buen nivel de vida. Si no, se termina como Alberta (gente ganando fortunas que terminan pagando fortunas por una hamburguesa o el lavado en la tintorería).

Saludos,

Andrés

il postino dijo...

Diamand me fascinó a los 22 años, cuando leí por primera vez sus tesis....ahora, con toda el agua que corrió bajo el puente es claro que mucho de lo que dijo no tiene un sustento fáctico, en el sentido de que no es aplicable en todo momento de la historia económica reciente de nuestro país. Que lo sigan citando revela la paupérrima calidad intelectual de nuestra progresía que recita textos como si fueran revelaciones de alguna divinidad....por suerte soy agnóstico....(para ser justos, mucho empresario local también recita verdades a medias; la diferencia con muchos intelectuales es que al menos los empresarios se dedican a las cosas de las que hablan, mientras que tipos como Zait probablemente quiebren un kiosco en Corrientes y Florida y le eche la culpa al neoliberalismo...)

alejandro dijo...

¡Cómo prendió el "sentido común", difundido por los cinco tipos que se benefician con la explotación de las ventajas naturales ( ¿estos australianos y neozelandeses no se avivaron que el desarrolo es la soja? ¡que giles! )de que la industria necesariamente tenía que desaparecer por ineficiente. ¿Qué tan ineficiente era ( más allá de las catastróficas consecuencias sociales de la desindustrialzacion ), y si lo era ( como toda industria lo es en algun momento de su evolución ),¿había que renunciar a todo intento de corregir lo problemas echar todo por la borda?. Parafraseando a Gibbon: ¿la industria murió de muerte natural o fué asesinada? Ahora a nuestra élite le fascina el "modelo chileno": producir salmón, arándanos y vinos; ¡que ambición, que vocación de grandeza! Eso de los satelites y los reactores nucleares debe ser cosa de zurditos y estados fallidos.

il postino dijo...

Alejandro, lee mejor los datos: Chile sigue viviendo del cobre y su estrategia de diversificaciòn pasa por negocios de valor agregado basados en productos naturales para los que la geografìa chilena tiene una ventaja comparativa sustentable. Si Chile se decidiera a tener industria seguramente habrían tres giles aplaudiendo, 4 piolas viviendo de subsidios y el resto serìa más pobre que hoy. A diferencia de las palabras, que son gratis, los productos industriales para ser competitivos necesitan de escala, no solo de tecnología. Por ende el concepto de industrialización per se, asì, genèrico y sin calificaciones, es una pavada que solo resiste el análisis de quien nunca en su vida vio una linea funcionando. Agrgentina, Chile, Costa del Marfil, USA , Noruega y Bangladesh, todos `pueden tener un cierto nivel de industrialización. Ningún país puede industrializarse absolutamente. Y en muchos casos el nivel óptimo de industrialización dista del ideal que se imaginan los que trabajan en servicios en el sector privado.